sábado, 9 de febrero de 2019

Consecuencias de un adiós inesperado.

Ella no escribió por un rato.
La tinta se convirtió
en lágrimas.
Y en vez de secarse,
fluyó como río
acompañado de
la lluvia.

Ella no creía
que la palabra
era traicionera.
Amiga de la memoria.
Compañera del corazón.
Amante de un par de
canciones tristes.

Ella no sabía
que lo encontraría
en la mañana.
En algún aroma.
En una taza deslizándose
por la mesa.
En el coco de unas galletitas.
En el calor del agua
golpeándome la espalda.

Ella no pretendía
que sus tardes fueran grises
o que el sol la olvidara,
pues eran sus destellos
los que le recordaban
un pasar de besos sobre su piel.

Ella no quiso
que la noche
fuera una tortura.
Que las mandarinas
ya no fueran dulces
o que un puñado de almendras
escaparan de sus manos.

Porque la noche es
añoranza,
misterio
y pérdida.
Y ella no pensaba
estar poseída entre
sábanas que la aprietan
y almohadas que hablan
el idioma del recuerdo.

El abismo

Asumí el riesgo de rozar  mis piernas con las tuyas,  de hacer de mis versos  el suspiro de tu inconsciente  bajo las sábanas.  Bajé mi mira...