viernes, 27 de septiembre de 2019

Me tomo el atrevimiento de abrazarme a tu espalda.

No es casualidad que
me encuentre hundida
en un vaso de agua
cuando vivo en el recuerdo
y todo a mi alrededor
huele a un ramo de gardenias.

Las noches se vuelven largas,
silenciosas y solitarias
e inclusive cuando
la luna me mira atenta
a través de las cortinas
debe cuestionarse
 el por qué de las sábanas lisas
y apenas arrugadas.

 Recorro las esquinas
de cada habitación
como quien busca un tesoro
y lo encuentra para tomarlo
entre sus manos.

Llevo luciérnagas de guía
como cuando atesoré tus pesares
y descubro lo que quiero
con tan solo cerrar los ojos
en ese espacio tan mío
como tuyo,
pero es entonces
cuando analizo que todo esto
no significa que la tristeza no me gane,
sino que apaciguo esa inquietante sensación
haciéndole creer que
los recuerdos son un presente
y el vacío no es una realidad.

¿Y cómo salgo de este
circulo vicioso que parece desorientarme
y hundirme como si del mismísimo mar me tragara?
¿Cómo? Si solamente soy capaz de
retroceder en el tiempo
para que duela menos
y quizás tomarme el atrevimiento de abrazarme a tu espalda.

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