sábado, 26 de enero de 2019

El arcoíris después de la lluvia.

Camino por la calle
con el arcoiris como paraguas.
Piso charcos con tu tristeza
y me dejo empapar
para abrazarte un rato.

Camino solitaria,
pero te llevo de la mano.
Y dejo que la brisa
me envuelva como si
fueran tus brazos
los que me aprietan la cintura.

Camino avasallante
ante los fantasmas
que no quieren que
me entrometa.
Todos saben que me muevo
a la deriva
y me atrevo a no soltarte.

La lluvia cae
como memorias de un pasado.
Y me guío a mi misma
en un laberinto que desconozco,
pero quiero conocer.

Te metes conmigo
juras secar mi frente
y entras en mis pulmones
llenándome de vida.

Caminaré.
Caminaré.
Pelearé incansable,
te prometo que seré
el arcoiris que abraza tu espalda.

Haré de sus colores
una nueva paleta de un cuadro.
Me pintarás en él mañana.
Y no habrá clima que sea adverso.

lunes, 14 de enero de 2019

El atardecer en acuarelas.

Pinto el atardecer en tu espalda
justo a la hora que se esconde el sol.
Uso acuarelas en forma de besos
y mis dedos, un pincel,
que danza junto algún grillo espectador.
El cielo no tiene límites en tu piel
y aquella marca rojiza de la noche anterior
es el sol escondiéndose en el horizonte.
Me abrazas con el atardecer
ardiendo en tu espalda
y conviertes el frío de la noche
en el calor del verano.
Una estrella se esconde
tímidamente en tu comisura.
Y yo la atrapo como quien
atrapa una luciérnaga entre las manos.

Iluminas la noche
y de repente tienes más
que un atardecer en tu piel.

Tu espalda tiene el cielo.

miércoles, 2 de enero de 2019

Bajo la almohada.

Guardo las memorias
de este año
bajo la almohada.

Me permito soñar
lo que fui,
somos,
seremos.

Abrazo aquella piedra
que dolió
y abrigo la gardenia
que plantaste
en mi jardín.

Atesoro en mi biblioteca
postales de sonrisas
y guardo dentro
de mis medias
algún que otro
suspiro que te saqué.

Tropezones que no
fueron caídas.
Levantamos los brazos
fervientes de entusiasmo.
Prometimos llenarnos
de aquello que
nos hace bien  y no daño.

Junté tus cartas
y las guardé
en tu pantalón.
Hice de mis palabras
un pañuelo de seda.
No hay lágrima que
destiña la tinta
cuando lo que escribo
es real y puede con la pena.

Tomo tu mano
como quien
hace una promesa
y
te prometo aquí
y ahora
que florecerás
aún cuando
la tierra no quiera.
Te regaré,
te regaré,
insistente y soñadora.
El agua saldrá
de mis lagos llenos de ti.
De ese beso fortuito
que me salvó de partir.

El abismo

Asumí el riesgo de rozar  mis piernas con las tuyas,  de hacer de mis versos  el suspiro de tu inconsciente  bajo las sábanas.  Bajé mi mira...