domingo, 25 de abril de 2021

No te vayas

Reconocía en tu andar perdido, 
que padecías de la nostalgia en tu mirada.
Danzabas entre médanos de abrazos fugaces
y cargabas en tus pies el suspiro desesperado.

¿Por qué te tienes que ir, amor?

El mar parece esperarte.
Y yo sentada en la costa, te observo. 
Sonríes ante la libertad que te inunda.
Tienes las mejillas sonrojadas y estás feliz. 
Sonríes de nuevo, alzando la mano hacia mi.
Te despides con pasaje en mano
y te acurrucas en mi pecho desde la distancia. 

Hay cierta satisfacción en la manera en que danzas.
Sé que no soy buena, pero mi amor es del bueno. 
No te vayas. No te vayas.

Y caminas, dejando tu rastro en la arena mojada.
Las estructuras se caen como si el sol
derritiera el pasado. 

No hay apuro, amor.
No me dejes.

Invocas el tiempo moldeándolo a tu modo
y los relojes nos miran atónitos 
ya que de repente volvieron a funcionar
luego de un largo tiempo a la espera. 
Habías detenido el tiempo cuando tus pupilas
marcaron el destino
y hoy el ritmo vuelve a la normalidad.

¿Normal? ¿Qué tiene de normal?

Del color de las hojas del otoño, 
un mechón de tu cabello vuela junto a las olas.
Has de saber que me llevas a mi
clavada en tu pecho. 







lunes, 5 de abril de 2021

Revelación

Se me ruborizaron los ojos
como la llamarada de una vela
que no le teme al viento
y no se consumió del miedo,
pero ardió al saber
que la piel no resiste a los abismos que rodean el pecho.

Respiré sabiendo que
no era invencible ni mucho menos invisible.
Quién diría que la llama una vez prendida
no sería consumida,
sino que flamearía
creyéndose el erizo
de una corazonada que no le pertenece.

Tengo las manos calientes
como el abrazo que te di
en mi imaginación
entre conversaciones inexistentes
y que dictan de futuros inciertos,
de palabras aclamadas por tus labios de rubíes.

Me atrevería a decir que le soy fiel
a tus ocurrencias
aún cuando te conozco tanto
y a la vez tan poco.
Qué desesperación no encontrar la dirección
de un camino que dice mi nombre,
pero que tiene el rastro difuso.
Soy incapaz siquiera de leer coordenadas,
los latidos
y un compás que tiene dos sílabas.

Corazonadas de madrugada,
dime qué hace una chica como yo
que tiene solo palabras
cuando es la vela latente
de un corazón que duerme temprano
y sueña entre escenarios que luego no conoce,
la dueña de lo desconocido,
de lo que libera y hace de la vida
un pasar digno de la simple poesía.

Mujer revolucionaria

Tú, mujer de revoluciones
te paras frente a mi
con tus labios de rubíes
en una tarde de primavera que dicta de suspiros.
No sabes que tienes la naturaleza dentro;
el fuego, el aire y el agua.
Y que con ella alimentas este ser que te habla,
que te escribe y te respira como aliento
entre medio de un beso.

Llegaste a mi convirtiéndote en la revolución
de mi ser a la deriva.
Haciendo de tu mirada
el bálsamo para mis heridas
y de tu boca,
el milagro inesperado.

Llegaste a mí sin miedo a arrasarlo todo,
con tus palabras hechas calma
y tu mano brindándome confianza.
Llegaste a mí. Llegaste.

La poesía reposa en tus dedos
como caricia en plena temporada,
la plegaría a la desesperación
y el abrazo a la niña que llevo conmigo.

Eres ángel en la tierra,
a la vista de todos
y te vi resplandeciente entre medio de la gente,
con tu sonrisa hecha almíbar
y la divinidad al andar.
Mi suerte marchita, floreció de pronto.
Mi destino se convirtió en un caminar que renació de las cenizas.

La tierna flor se abría
y la melancolía fue libre entre tanto pesar.
En mi delirio, te plantaste
haciendo de mí, la locura personificada.
Ay, amor mío
que no cabes entre mis pestañas
y me inundas como oleaje a la costa
dejándome completamente mojada y a la vista.

Tiemblo al mirarte,
te invoco entre pensamientos que no llegan a mi boca
y aún así nos hacemos una con la mirada.
Hay cierta fortuna en nuestros ojos.

Ya sabes que tienes la bandera plantada en mi pecho
y que te acomodas como quien tiene estadía de por vida.
Haces de mi aquella que quiero ser aun cuando no lo creo
y sé que tienes en ti, algo más que el perfume de una flor.

Llevas el futuro,
de lo que somos entre medio de tanto caos
 y que ahora ha encontrado la belleza
con tan solo el roce de las manos.

Lectura comprensiva


Si algún día relees
estas palabras hechas a medianoche,
encontrarás en ellas el punto exacto
en donde me animé a prometerte
la risa ininterrumpida.

Si algún día me relees
en busca de un recuerdo,
sabrás que aquí me encuentro yo,
hecha palabra
para retratar tu sonrisa
y quizás, si tengo suerte,
pueda pintar con acuarelas
el carmesí de tu boca
que llevo guardado en un labial
que tiene tu nombre.

Y si algún día me relees,
sabrás con seguridad que hay claridad
entre lo que digo
porque estoy hecha de palabras
y aun así nunca podría abarcar todo lo que siento.

Si hoy me lees,
sabrás que guardo tu risa
y habito en ella junto con tu voz que se hace viento;
me soplas y me deshago
como diente león atravesando la ventosa primavera.

Traspásame y vive en mí.
Abrázate a mi figura
que late sin temor a decir tu nombre en voz alta.
Y aunque le tengas miedo al viento
yo sé que ahora vives en él.
Te desplazas con el ímpetu de querer arrasarlo todo
y te instalas en mi haciendo de mi paisaje
uno cargado de flores silvestres,
de brisa fresca de verano
y todo lo demás es inexistente.

Eso es lo que haces.

Logras que todo lo demás sea adorno
en un mundo en donde
yo vivía en blanco y negro,
en donde era minúscula
como la cursiva hecha a mano.

Y hoy estoy aquí. Estamos.
Y quiero que rías,
que sigas arrasando
con todo lo que tienes en frente,
pero que sigas abrazándote a mí.

El abismo

Asumí el riesgo de rozar  mis piernas con las tuyas,  de hacer de mis versos  el suspiro de tu inconsciente  bajo las sábanas.  Bajé mi mira...