Asumí el riesgo de rozar
mis piernas con las tuyas,
de hacer de mis versos
el suspiro de tu inconsciente
bajo las sábanas.
Bajé mi mirada ante la incapacidad
de respiro que me aquejó
en tiempos desesperados
y me reencontré en tus pupilas
sabiendo que el tiempo era efímero,
pero que aún así se sintió eterno.
En lo que a mi respecta,
la huida de tu palabra
no fue más que caminar por el abismo de la locura.
Sabiendo con seguridad
de que no existen los puntos finales,
sino más bien un insistente recuerdo
de tu risa hecha prosa.
Pero es verdad que el olvido
hizo acto de presencia.
Llevándose mi nombre de tus labios
como el viento impetuoso de la estación más fría.
Y quizás aún así,
entre tanto pesar cavado en lo hondo
todavía me queda,
a ojos cerrados,
el sonido de la noche;
el espíritu de tu cercanía
rozando los mechones de mi cabello.
mis piernas con las tuyas,
de hacer de mis versos
el suspiro de tu inconsciente
bajo las sábanas.
Bajé mi mirada ante la incapacidad
de respiro que me aquejó
en tiempos desesperados
y me reencontré en tus pupilas
sabiendo que el tiempo era efímero,
pero que aún así se sintió eterno.
En lo que a mi respecta,
la huida de tu palabra
no fue más que caminar por el abismo de la locura.
Sabiendo con seguridad
de que no existen los puntos finales,
sino más bien un insistente recuerdo
de tu risa hecha prosa.
Pero es verdad que el olvido
hizo acto de presencia.
Llevándose mi nombre de tus labios
como el viento impetuoso de la estación más fría.
Y quizás aún así,
entre tanto pesar cavado en lo hondo
todavía me queda,
a ojos cerrados,
el sonido de la noche;
el espíritu de tu cercanía
rozando los mechones de mi cabello.