sábado, 13 de febrero de 2021

Florecer en la madrugada mojada

las flores crecen sin arrepentirse,
sabiendo que el momento no se puede deshacer
y se lanzan libremente 
ante el frescor de la lluvia de verano

el amanecer no se atreve a echar un vistazo, 
ni irrumpir la creación,
la magnificencia que se da solamente
cuando el cielo llora

y los pétalos cobran vida,
respiran sin siquiera hacer sonido,
los colores irrumpen la escena 
sabiendo que son protagonistas de una pintura 

las gotas caen 
como besos espontáneos
de un hasta luego,
pero que apenas se atreven a rozar la punta de los labios

diría que me deslizo como gota,
al escribir sobre lo que acontece
y me convierto en otra flor que danza 
en el apogeo del verano

el suspiro se convierte en viento
y de repente se mueven las cortinas blancas de la habitación,
tengo los dedos transformados en bailarinas de ballet
y giran alrededor de un punto en busca de la perfección

truena,
la flor se tensa sonrojada,
puede ser descubierta 
con sus pétalos en pleno éxtasis

semejante actuación,
ser libre tiene como costo su pecho erguido,
la frescura del agua
alcanzó sus ramas latentes 

la metamorfosis,
el cuerpo y el alma
la plenitud de ser bajo el agua,
de liberar lo que la consciencia dicta

entonces sé que las flores crecen sin arrepentirse
y hablan con la lluvia 
en la madrugada de un caluroso verano,
jadean con el verso siendo cómplice

y la gota colmó sus bocas inundadas,
las estrofas brotaron como cataratas potentes
las flores se hicieron una con la tormenta,
y mañana, otra vez; todo volverá a florecer. 

Relato de un naufragio en altamar

Cuántas madrugadas han pasado
desde que mi corazón dejó de llorar
en esta ciudad tan solitaria.

Cuántos abrazos deshechos entre almohadas
conocen apenas la brisa de un verano
que no quiere dar libertad.

Salvajes las noches
que me sacuden entre las sábanas
queriendo levantarme de la cascada sombría
que solo me golpea,
me hunde,
me ahoga sin la posibilidad
de salir a flote.

Quédate allí,
en ese espacio que tiene el aroma salado de la costa,
pero tienes que saber que no voy a llegar.

Me encuentro aquí en lo más hondo,
rodeada de mi propio aliento,
haciéndole pecho a lo que acontece,
un sentimiento de pureza
hecho suspiro.

Ahora veo.

Azul.

¿Y dónde va la mente
cuando los oídos zumban?

Algunas poesías
no están pensadas para ser escritas;
son el grito de la agonía. 

De lo que fue y se aleja. 

Caigo en un pozo
que fue puesto a propósito
tiene tu firma y conozco tu letra.

Ahora veo.

Azul. 

Percibo el latido de mi corazón
palpitando en mi cuello
y como soga a mi piel,
cantas una canción que advierto,
pero no reconozco la letra.

Creo en lo bueno de mi,
construyo lo que parece ser el salto hacia el océano, 
no lleva nombres,
tiene mi signatura.

Ahora veo.

Azul. 

Hay olas a mi alrededor,
su fuerza no me controla,
de repente reconozco mis uñas,
no están mordidas,
ha pasado un tiempo. 

Compasivo el rayo del sol
sabe que mis pupilas están dañadas,
el azul se convirtió en celeste.

Ansia de nadar,
corazón arrancado,
quedaste en la ciudad solitaria
y yo aquí sin pena; no muero.

Vivo.



El abismo

Asumí el riesgo de rozar  mis piernas con las tuyas,  de hacer de mis versos  el suspiro de tu inconsciente  bajo las sábanas.  Bajé mi mira...