las flores crecen sin arrepentirse,
sabiendo que el momento no se puede deshacer
y se lanzan libremente
ante el frescor de la lluvia de verano
el amanecer no se atreve a echar un vistazo,
ni irrumpir la creación,
la magnificencia que se da solamente
cuando el cielo llora
y los pétalos cobran vida,
respiran sin siquiera hacer sonido,
los colores irrumpen la escena
sabiendo que son protagonistas de una pintura
las gotas caen
como besos espontáneos
de un hasta luego,
pero que apenas se atreven a rozar la punta de los labios
diría que me deslizo como gota,
al escribir sobre lo que acontece
y me convierto en otra flor que danza
en el apogeo del verano
el suspiro se convierte en viento
y de repente se mueven las cortinas blancas de la habitación,
tengo los dedos transformados en bailarinas de ballet
y giran alrededor de un punto en busca de la perfección
truena,
la flor se tensa sonrojada,
puede ser descubierta
con sus pétalos en pleno éxtasis
semejante actuación,
ser libre tiene como costo su pecho erguido,
la frescura del agua
alcanzó sus ramas latentes
la metamorfosis,
el cuerpo y el alma
la plenitud de ser bajo el agua,
de liberar lo que la consciencia dicta
entonces sé que las flores crecen sin arrepentirse
y hablan con la lluvia
en la madrugada de un caluroso verano,
jadean con el verso siendo cómplice
y la gota colmó sus bocas inundadas,
las estrofas brotaron como cataratas potentes
las flores se hicieron una con la tormenta,
y mañana, otra vez; todo volverá a florecer.