lunes, 26 de noviembre de 2018

Quiero esa pintura, ésa que lleva su nombre y las líneas de su espalda.

Me desperté en el medio de la madrugada
y el sol se estaba asomando
por aquel horizonte que tenemos en la ventana.

El cielo era rosa.
El aire era fresco.
Y tus mejillas eran el toque que necesitaba la primavera.

Te miré y lo que parecía el amanecer más precioso
que alguna vez vieron mis ojos
se convirtió en algo maravilloso.

Una obra.
Un pintor desconocido que pincela en una plaza.
Alguien que espera ser visto por cientos de personas.
Solamente la ve una.
Se da la vuelta y lo mira.
Mira su alma puesta en un lienzo.

Te pintaron
y la acuarela cayó
perfectamente sobre tu piel.
No conozco tu artista. No sé de plazas.
Crearon tu propia corriente
y la vida me regaló ojos para mirarte.

El rosa de tus mejillas.
El negro de tus lunares.
El blanco de tu piel.

Una paleta que hago mía con cada caricia.
Y de repente soy una experta de la obra que tengo frente a mi.
Obra que eres tú.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Temporal.

Te extraño en mis labios
y ahora está lloviendo
como esa noche,
como aquella noche.

No es ciencia,
ni destino,
o algún tipo de casualidad.

Justo cuando la luna le dio
el paso al sol.
Llegaste iluminándolo todo.
Justo así.

Y yo tan marchita
como flor ante el frío.
Florecí.
Inerte ante el esplendor.
Conmovida.
Toqué el sol.

Caen algunas gotas.
Y el viento golpea la ventana.
Se quiere llevar todo a su paso.
Llevate mi dolor también.

Tengo dedos en las heridas.
Caricias que no sanan.
Y algún que otro beso que no fue.

Hay un relámpago adentrándose en la habitación.
Sin permiso. Sin cuidado.
No lleva tu nombre.
Pero estás allí.
Como cuando eras el sol.

Me ciegas. Me abres.
Me dueles.
Me endulzas.
Florezco y me convierto en hoja de otoño.
Tengo la naturaleza en mi contra y yo amo volar entre los árboles.

El abismo

Asumí el riesgo de rozar  mis piernas con las tuyas,  de hacer de mis versos  el suspiro de tu inconsciente  bajo las sábanas.  Bajé mi mira...