miércoles, 30 de diciembre de 2020

Los relojes se lanzaron por la borda.

Ruidosa es la noche
desde que gimo en tu beso
y las estrellas conocen el canto
de quien no llora, sino que vive.
 
Por una mirada de tus ojos
sacrifico mi aliento
y me uno a tu mano
sabiendo que los espacios
están hechos para fundirnos en una.
 
Porque solo sé
que el tiempo es inexistente,
que los relojes se lanzaron por la borda,
confusos y a la vez libres,
y están al tanto de que
ya no están atados a la regla de ir paso a paso,
sino que bracean con la calma hecha mar.
 
Y quizás parezca una locura
que en el medio de la ciudad
haya un canto que sólo conoce tu nombre,
que las agujas hayan decidido sumergirse
y que los números sólo conozcan
los latidos que provocas,
pero es que vagabundeando con el alma rota
te hallé;
huracán arrasador
barredora de noches sombrías
cielo que aquejas en tus ojos
dejame vivir entre tus pestañas,
que mis labios permanezcan en tu templo
ya que tu néctar es lo que yo llamo;
la promesa de algún profeta.
 
Y aquí me tienes;
hecha nosotras,
contemplándote desde mi escritura
tal vez un poco vaga,
sin aliento y algo temblorosa,
pero es que todavía sigo sacudida por tu ser
como el primer momento en que tocaste tierra
¿será verdad que mis labios ya no tapan el silencio
porque quiero ser descubierta en tu boca?
 
Sabes la respuesta y no temí.
 
Miré tu gentileza,
contemplé tu risa,
tu cabello cayendo por tus hombros
como las estrofas de un poema
en un libro abierto
y de repente, rompiste el circuito de la soledad
como dice algún poeta; existimos.

domingo, 6 de diciembre de 2020

volver a respirar.

qué aliviante que no exista un espacio

en donde quede la pena 

y se resista a tu recuerdo


respirar se volvió tolerable

cuando estaba unido a la desesperación 

de saberte entre inspiraciones


encontré el diccionario del dolor

cuando el desconsuelo no conocía sinónimo,

pero el dolor no se llena con palabras,

sino que se arriman al sentimiento 

a sabiendas que no son una copia fiel


quiero vivir aquí,

en este espacio nuevo,

lleno de páginas blancas,

con renglones hechos horizontes,

con la corazonada firme en el puño

sabiendo que no hay riesgos de colisionar

contra una pared de desesperanza



El abismo

Asumí el riesgo de rozar  mis piernas con las tuyas,  de hacer de mis versos  el suspiro de tu inconsciente  bajo las sábanas.  Bajé mi mira...