hubiese agarrado tu mano
sin dudarlo
y a ojos cerrados
porque me abrazaste en tu tiniebla
y ese no era el caso,
sino más bien que me querías
entre tanto caos que me acontecía
y yo te quise aún cuando
no sabía a dónde íbamos
pero sorpresa,
la realidad es que sí
te agarré la mano
y nunca lo supiste
creías que yo era una herida
y no solamente un alma reconstruida
que no quería estar sólo de paso
me duele que no estés
sí, me dueles
porque había encontrado
en tu desorden,
uno parecido al mío
un reflejo de lo que deseaba ser
y sólo fui por cinco minutos
todavía releo
lo que te escribí sin que sepas
más que nada como un reconforte
porque no estás presente
y ni siquiera me dijiste te quiero
ni durante el día ni la noche
¿recuerdas los planes?
la filosofía de los griegos
marcada en tu escritura
tienes la vida por delante
y me creí parte de ese capítulo
que no se escribió
ni quedó en un borrador hecho a mano
y la noche de septiembre te solté
sin dudarlo
justo cuando me sentí descubierta
y ojalá la hubieses parado
con tu palabra tan exquisita
con tu andar de sabelotodo
y a la vez cargado de inocencia
ojalá te hubieses puesto
delante de la puerta
y me hubieses dicho
que las tinieblas son pasajeras
que se difuminan con el atardecer
y que el abrazo no me iba a faltar
con esa voz tan peculiar,
entre risas furtivas
historias de vidas pasadas
portazos de besos insistentes
la lujuria de los secretos
pero no pasó.