viernes, 29 de mayo de 2020

En el medio del mar.

sé que vas a vivir en mis palabras
y eso es lo que más me asusta
un verso convertido en latido
en el medio de la noche

pensaré en tu sonrisa
en tu voz tranquilizadora
y no es que te idealice como tu piensas,
sino que recojo tus pedazos
esos que no conoces de ti misma

ojalá me eligieras
en el medio de esta tormenta
que nos empapa,
pero que a mi me ahoga
sin intenciones de dejarme salir a la superficie

me rescataste una vez
convirtiéndote en mi aliento
y ahora que no te tengo,
no puedo conmigo misma

no sé nadar a contracorriente
ni tampoco surfear olas
nunca fui experta en supervivencia
y estoy perdida en el medio del mar

me acaricio las heridas
mis lágrimas son una con el agua salada
estoy sin guía,
sin estrellas,
sin tu mano unida a la mía
como promesa intocable
como la tierra firme que
anhelan tocar las puntas de mi pies

pero sé que quien lucha, no pierde
y dejé libres besos en el viento
como una señal de vida a la deriva
como una batalla librada
en el medio un mar que no tiene intenciones de soltarme

y ojalá mi boca llegue a tu boca
con el gusto a extrañarte
y te de la localización de mi angustia
para que me abraces tan fuerte
que el mundo no sabrá que pasa

y te diré que aun hundida
tenía tu imagen unida a un verso
justo como en este momento
en donde cabe un suspiro que lleva tu nombre

pero en el caso de que no vengas
no pasará nada,
sé que mi cursiva no cambia destinos
y que los besos pudieron perderse en el camino
no hay revelación más dura
que dejarse llevar por la corriente
especialmente cuando la vida no es más
que una extraña frente a nosotros




















jueves, 14 de mayo de 2020

Guardo poemas bajo la almohada.

he escrito tantos poemas durante las últimas semanas
que muchos de ellos no verán la luz del día
se convertirán en recuerdos de la madrugada
—que guardan tristezas—
y no serán leídos en voz alta
para no desgarrar aún más la herida

estarán eternamente escondidos bajo mi almohada,
justo donde atesoro las memorias,
las lágrimas que contienen su nombre

y

a pesar de que deseo que mi voz encuentre su libertad
para que no sea olvidada,
no quiero que me recuerden como aquella flor
que fue azotada por el viento más fuerte,
que dejó de ser el amor de una vida 

miércoles, 13 de mayo de 2020

El paraíso hecho mujer.

Hablaba con el corazón en la mano y florecían palabras de entre sus labios que gritaban inocencia. Esperaba al sol con su comisura hecha amanecer y descubría su majestuosidad en los lunares que decoraban la piel de una blanquecina espalda —que no era la suya, que no le pertenecía, pero que junto a su piel cubierta de algunas rebeldes pecas hacían de un poema cualquiera, un cantar que se colaba en una antología—.

Danzaba desnuda sin conocer los miedos que deambulaban fuera del jardín de su alma y cerraba sus ojos con las promesas hechas flores en plena primavera. Y cuando el atardecer llegaba, los versos brotaban de entre sus pestañas como libélulas enamoradas del viento. Haciendo del paisaje uno digno de un suspiro proveniente de su curiosa boca.

Reía, cantaba y volvía a danzar.
El cielo atestiguaba el paraíso hecho mujer.

Y entonces, una voz que corría aventurera con la brisa de la tarde, le susurró a una sombra apoyada en el marco de su ventana un par de preguntas que sabía que cambiarían el curso de las estaciones; la primavera sería eterna.

«¿De qué color quieres el cielo?» Ella te lo pintará con la suavidad de sus labios. «¿De qué forma quieres las flores?» Ella las moldeará con la placidez de las yemas de sus dedos. «¿Cómo quieres que sea la vida?» Ella la coloreará a palabras cubiertas de las más maravillosas flores, pero no dudes ni por un solo segundo de que también pintará aquellos lugares que desconoces de ti mismo y usará, sin miedo a dejar su huella, las acuarelas que viven dentro de las pupilas de sus verdosos ojos

El abismo

Asumí el riesgo de rozar  mis piernas con las tuyas,  de hacer de mis versos  el suspiro de tu inconsciente  bajo las sábanas.  Bajé mi mira...