viernes, 27 de septiembre de 2019

Amiga del silencio.

Disfruto la noche
porque soy amiga del silencio,
de alguna brisa que quiere irrumpir entre las cortinas
y de tu boca de imaginaria que crea constelaciones en mi piel.

La libertad de los poemas de madrugada.

A mi me pasa que escribo poemas
durante la madrugada.
Los leo en voz alta
y al viento
para que puedan encontrar su libertad.

Y entonces sé,
casi con certeza,
que la poesía me salvará.

Me salvará inclusive mañana
cuando me olviden.
Las palabras quedarán deambulando
por el cielo,
tomarán forma durante los atardeceres.

La libertad hecha tinta.

Y no habrá manera de que lo que fui
se encuentre con el olvido.

Me tomo el atrevimiento de abrazarme a tu espalda.

No es casualidad que
me encuentre hundida
en un vaso de agua
cuando vivo en el recuerdo
y todo a mi alrededor
huele a un ramo de gardenias.

Las noches se vuelven largas,
silenciosas y solitarias
e inclusive cuando
la luna me mira atenta
a través de las cortinas
debe cuestionarse
 el por qué de las sábanas lisas
y apenas arrugadas.

 Recorro las esquinas
de cada habitación
como quien busca un tesoro
y lo encuentra para tomarlo
entre sus manos.

Llevo luciérnagas de guía
como cuando atesoré tus pesares
y descubro lo que quiero
con tan solo cerrar los ojos
en ese espacio tan mío
como tuyo,
pero es entonces
cuando analizo que todo esto
no significa que la tristeza no me gane,
sino que apaciguo esa inquietante sensación
haciéndole creer que
los recuerdos son un presente
y el vacío no es una realidad.

¿Y cómo salgo de este
circulo vicioso que parece desorientarme
y hundirme como si del mismísimo mar me tragara?
¿Cómo? Si solamente soy capaz de
retroceder en el tiempo
para que duela menos
y quizás tomarme el atrevimiento de abrazarme a tu espalda.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Infinitas posibilidades

A mi me gusta que sepas
que mi sonrisa tiene tu nombre.
Que tu piel está cubierta de pétalos
y que llevo la primavera en mis ojos.

Que junto al cielo hay infinitas posibilidades
y todas ellas gritan tu presencia.

martes, 10 de septiembre de 2019

Somos lo que llevamos dentro.

Llevo conmigo más de una vida entre mis manos y puedo asegurar que en todas he plasmado lo que mi mente sabe y desconoce de alguna forma que probablemente fue llevada por el viento. Hoy en día pueden acompañarme las hojas y un bolígrafo con la tinta escasa de tanto explayarme en cuestiones del alma, pero anteriormente, pude haber necesitado de un pincel y un lienzo en blanco para dejar en claro que no existe tal cosa como el silencio cuando la mente habla más que la boca.

¿Quién soy? Nunca podré saber con seguridad a quién llevo conmigo hoy, viendo y considerando que desconozco el ayer tanto como el mañana, no me asombraría encontrarme con un rostro soñador que pretende resolver las incógnitas de su camino como si tuviera frente a sus ojos una brújula desconfigurada y que no puede señalar ni el norte o el sur. No me asombraría tampoco que aspire a descubrir el amor como si se tratase de una ficción plasmada en las hojas de un libro y nade entre palabras que la llevarían a desear algo imposible. Tal como ahora, tal como siempre.

Porque el alma soñadora vive en mis venas desde que alguien decidió introducirla en mi adn y permaneció viajando por generaciones que no dieron con su camino, puesto que de otro modo... ¿Cómo es que duele tanto? Quizás yo llevo entre las arterias algo más que el dolor de un amor ajeno. Quizás llevo las penas de un alma desdichada que no conoció eso que tanto añoraba y lo dejó encerrado en mi interior como si se tratara de su mayor tesoro; la pérdida.

Su pérdida y la mía.

Las dos somos exploradoras de un camino que no tiene pistas y ni siquiera un cielo esclarecedor que nos permita hallar el cielo. El cielo y sus más infinitas estrellas como un recordatorio que esperanza queda. Que en algún espacio del mundo hay flores suficientes como para ser feliz.

El abismo

Asumí el riesgo de rozar  mis piernas con las tuyas,  de hacer de mis versos  el suspiro de tu inconsciente  bajo las sábanas.  Bajé mi mira...