Hubo un tiempo en que interpretaba
a la lluvia como una señal divina.
Sentía cada gota sobre la ventana
como un susurro que llevaba tu nombre
y cuando el cielo se iluminaba
con ese relámpago ensordecedor
eran tus dedos que se habían
reencontrado con mi ser.
Pero después dejé de interpretar la lluvia
como algo que eras tú.
Comencé a verla como a mi misma deslizándome
entre ventanas rotas, abiertas o cerradas.
Cada gota era un te quiero perdido
y el trueno, un susurro agónico
que escondía más de una memoria.
Yo no sé por qué la electricidad de la noche
me llama y mucho menos por qué me convierto en lluvia
en tormentas de invierno que arropan
hasta la más calurosa de las personas.
Pero hoy soy esa lluvia que tú una vez fuiste.
Un rastro efímero.
Un cielo cubierto de tu ser.
miércoles, 30 de mayo de 2018
sábado, 19 de mayo de 2018
La sombra de un árbol de manzanas.
Podría decirte que tu mano calza
perfectamente con la mía.
Podría decirte también que
escapo del sufrimiento a pasos agigantados.
Corro como una maratonista,
pero a veces no tengo la velocidad suficiente.
Caigo como una gacela inocente
y tu mano me sujeta como nunca
pensé que lo haría.
Qué sorpresa -me dije-
¿Acaso estoy en un sueño del
cual no era consciente?
Sabes lo difícil que es escapar
de las inseguridades.
Yo misma las padezco día a día.
Me persiguen como la sombra
a un árbol de manzanas.
Y como buena mujer, me mantengo quieta.
Quieta porque pueden ser arrasadoras.
Quieta porque duele menos.
No quiero que me dejes -susurré-
Has de este pesar algo maravilloso
como tomar mi mano y asegurarme
un mundo donde no existe una grieta dolorosa.
Sé que entre manos pueden ayudarse
confío en esos dedos de pianista
que no saben tocar una melodía
pero cantas en mi corazón
como jilguero durante la mañana.
Aleteas como colibrí deseoso de su néctar.
Aleja estas sombras malditas.
Conviérteme en una maratonista,
corredora experta de ir a tus brazos.
Has de ese árbol un paisaje de vida.
Un paisaje de libertad.
Toma mis manos y déjalas fluir por tu piel.
perfectamente con la mía.
Podría decirte también que
escapo del sufrimiento a pasos agigantados.
Corro como una maratonista,
pero a veces no tengo la velocidad suficiente.
Caigo como una gacela inocente
y tu mano me sujeta como nunca
pensé que lo haría.
Qué sorpresa -me dije-
¿Acaso estoy en un sueño del
cual no era consciente?
Sabes lo difícil que es escapar
de las inseguridades.
Yo misma las padezco día a día.
Me persiguen como la sombra
a un árbol de manzanas.
Y como buena mujer, me mantengo quieta.
Quieta porque pueden ser arrasadoras.
Quieta porque duele menos.
No quiero que me dejes -susurré-
Has de este pesar algo maravilloso
como tomar mi mano y asegurarme
un mundo donde no existe una grieta dolorosa.
Sé que entre manos pueden ayudarse
confío en esos dedos de pianista
que no saben tocar una melodía
pero cantas en mi corazón
como jilguero durante la mañana.
Aleteas como colibrí deseoso de su néctar.
Aleja estas sombras malditas.
Conviérteme en una maratonista,
corredora experta de ir a tus brazos.
Has de ese árbol un paisaje de vida.
Un paisaje de libertad.
Toma mis manos y déjalas fluir por tu piel.
domingo, 6 de mayo de 2018
Papel y bolígrafo.
Soy de las que escribe poesía a las 3 a.m
Soy de las que silencia tu nombre en cada verso.
Soy de las que lloran y ríen a la vez.
Soy de las que no se secan las lágrimas.
Soy de las que escriben en cursiva.
Soy de las que hacen de una telaraña un manojo de palabras.
Soy aquella que usa tinta azul.
Soy de esas que buscan el tinte de tus ojos en acuarelas.
Soy de las que no duermen con medias.
Soy de las que espera tu calor.
Soy de esas que se pierden en un mapa.
Soy de esas que buscan su propia dirección.
Soy entonces una más que conoces.
Soy aquella que viste entre tantas estrellas.
Soy un papel y un bolígrafo.
Soy lo que lees y huyes.
Soy más que todo esto que he mencionado.
Soy pera jugosa y dulce.
Soy la que susurra en vez de cantar.
Soy una entre tantas.
Pero soy, soy una hoja de otoño.
Soy hoja marchita y viajera.
Soy la misma brisa que me lleva.
Soy vida.
Soy de las que silencia tu nombre en cada verso.
Soy de las que lloran y ríen a la vez.
Soy de las que no se secan las lágrimas.
Soy de las que escriben en cursiva.
Soy de las que hacen de una telaraña un manojo de palabras.
Soy aquella que usa tinta azul.
Soy de esas que buscan el tinte de tus ojos en acuarelas.
Soy de las que no duermen con medias.
Soy de las que espera tu calor.
Soy de esas que se pierden en un mapa.
Soy de esas que buscan su propia dirección.
Soy entonces una más que conoces.
Soy aquella que viste entre tantas estrellas.
Soy un papel y un bolígrafo.
Soy lo que lees y huyes.
Soy más que todo esto que he mencionado.
Soy pera jugosa y dulce.
Soy la que susurra en vez de cantar.
Soy una entre tantas.
Pero soy, soy una hoja de otoño.
Soy hoja marchita y viajera.
Soy la misma brisa que me lleva.
Soy vida.
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