viernes, 13 de diciembre de 2019

La última luna llena.

Tengo la última luna llena de la década como compañía y quiero aprovechar para decirte que todavía te siento como si estuvieras alumbrándome con el poder que brilla entre tus pestañas. Sé que la luna siempre fue nuestra intermediaria en noches de agonía y en aquellas en donde las palabras no eran suficientes. Tenías tu luna y yo tenía la mía, testigos de que no tuvimos fronteras y que aún así nos encontramos con un límite.

Creeme cuando te digo que sigo viendo el cielo como un lienzo de lo que fuimos. Para mi sigues existiendo en cada estrella, como cuando ríes y brillas convirtiéndote en un diamante en bruto inalcanzable. Y sigues siendo el atardecer más bonito, sigo encontrándote allí entre colores que marcan un mapa que ya no tendré la oportunidad de seguir explorando, pero que seguiré viendo para no perder la costumbre, como quien te cuida desde lejos.

Seguiré cuidando tus sueños aunque no lo sepas, aunque no me puedas ver ni sentir. Te susurraré poemas que llevan tu nombre como esa primera noche y te leeré algunos míos para que sientas una caricia en tu corazón. Seguiré estando ahí.

Justo como la luna que te alumbra desde la ventana.

Un soplido se llevó nuestro destino.

No entiendo como el destino nos jugó una mala pasada
haciéndonos creer que las palabras dichas
eran promesas y que no habría soplido que pudiera alcanzarlas.

El destino nos hizo creer que tu mano
unida a la mía era inquebrantable
y aquí estoy yo sintiendo los últimos rastros de tu calor.

La siento tibia como cuando la tomaste
en mis momentos más tristes.

Y entonces no hay día que no me pregunte
por qué el destino fue el malo de la historia
por qué nos puso frente a frente como un milagro.

Y yo que no creía en tales cosas
confirmé que eras uno. Sos uno.

Inclusive ahora que lloro lo que me queda de tu sonrisa
y que me la paso maldiciendo al cielo,
te agradezco por haberme dejado ver el mundo a través de tus ojos.


martes, 10 de diciembre de 2019

10 de Diciembre

La peor parte de conocerte
como si fueses el reflejo de mis ojos
es que te encuentro en todas las esquinas
por las que mis pisadas dejan su huella.

Y encontrarte es como hacer un rasguño
en una herida que sé con certeza
que no va a cicatrizar.

Sangra con cada parpadeo,
con ese suspiro de anhelo
que pretende llamarte
en el medio del tumulto.

Y me lamento con cada paso
de no haber podido sostenerte.

Y me haces tanta falta que me desarmo.

lunes, 9 de diciembre de 2019

23:23

Más de una vez me encuentro a mi misma
sumida entre pensamientos que tienen tu mirar.
Susurro tu nombre queriendo invocarte, 
pero solamente encuentro el silencio frente a mi boca.

Quisiera saber si aún tengo un lugar en tu comisura,
si mi nombre ronda por tu mente 
o si alguna vez piensas en mi como una añoranza 
y no como un recuerdo que ya pasó, que ya dejaste ir. 

Más de una vez sonrío por el simple hecho 
de que existe tu sonrisa.
Y la imagino hecha para mi 
en algún universo paralelo en donde no existen los olvidos. 

Ojalá pudiera encontrarte y convertir este infierno
en un paraíso de flores silvestres; mi mujer hecha de flores. 

No escatimo cuando se trata de párpados cerrados, 
de sonrisas cómplices con mi interior.
Lugar que luce tu caricia hecha cariño. 
Tu amor hecho purpurina. Brillante. 
Perfecto. Un diamante recién salido de la corteza terrestre.

Y entonces más de una vez me encuentro llorándote en silencio
y el miedo me inunda. Me rompe. Me desarma.
La ausencia es devastadora o mejor dicho, tu ausencia.
Tu ausencia complementamente desintegradora. 

Y yo sólo quería amarte sabés 
aún lo hago al poner tu nombre 
en mis palabras tan simples. 

Aún lo hago. 




jueves, 5 de diciembre de 2019

Te soñé tres veces ininterrumpidamente.

Solo quiero decir que hoy
te soñé tres veces ininterrumpidamente.

Estabas sonriendo con las almohadas
entre tus brazos y después tomabas mi mano
con la seguridad de no perderla.

Era la primera vez que lo hacías.

Reías entre el montón de gente,
no había preguntas qué hacer
ni tampoco comentarios
desafortunados que nos trajeran tristeza.

Mi madre estaba ahí,
mis hermanos también. Todos lo sabían.

Y desperté y te volví a soñar.

Era la tercera vez.

Solo que en este sueño caminábamos juntas
por alguna calle que desconozco
y quisiera poder conocer.

¿Será quizás porque te busco
en todas las calles por las que camino?

El abismo

Asumí el riesgo de rozar  mis piernas con las tuyas,  de hacer de mis versos  el suspiro de tu inconsciente  bajo las sábanas.  Bajé mi mira...