sumida entre pensamientos que tienen tu mirar.
Susurro tu nombre queriendo invocarte,
pero solamente encuentro el silencio frente a mi boca.
Quisiera saber si aún tengo un lugar en tu comisura,
si mi nombre ronda por tu mente
o si alguna vez piensas en mi como una añoranza
y no como un recuerdo que ya pasó, que ya dejaste ir.
Más de una vez sonrío por el simple hecho
de que existe tu sonrisa.
Y la imagino hecha para mi
en algún universo paralelo en donde no existen los olvidos.
Ojalá pudiera encontrarte y convertir este infierno
en un paraíso de flores silvestres; mi mujer hecha de flores.
No escatimo cuando se trata de párpados cerrados,
de sonrisas cómplices con mi interior.
Lugar que luce tu caricia hecha cariño.
Tu amor hecho purpurina. Brillante.
Perfecto. Un diamante recién salido de la corteza terrestre.
Y entonces más de una vez me encuentro llorándote en silencio
y el miedo me inunda. Me rompe. Me desarma.
La ausencia es devastadora o mejor dicho, tu ausencia.
Tu ausencia complementamente desintegradora.
La ausencia es devastadora o mejor dicho, tu ausencia.
Tu ausencia complementamente desintegradora.
Y yo sólo quería amarte sabés
y
aún lo hago al poner tu nombre
en mis palabras tan simples.
Aún lo hago.
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