No entiendo como el destino nos jugó una mala pasada
haciéndonos creer que las palabras dichas
eran promesas y que no habría soplido que pudiera alcanzarlas.
El destino nos hizo creer que tu mano
unida a la mía era inquebrantable
y aquí estoy yo sintiendo los últimos rastros de tu calor.
La siento tibia como cuando la tomaste
en mis momentos más tristes.
Y entonces no hay día que no me pregunte
por qué el destino fue el malo de la historia
por qué nos puso frente a frente como un milagro.
Y yo que no creía en tales cosas
confirmé que eras uno. Sos uno.
Inclusive ahora que lloro lo que me queda de tu sonrisa
y que me la paso maldiciendo al cielo,
te agradezco por haberme dejado ver el mundo a través de tus ojos.
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