Hablaba con el corazón en la mano y florecían palabras de entre sus
labios que gritaban inocencia. Esperaba al sol con su comisura hecha
amanecer y descubría su majestuosidad en los lunares que decoraban la
piel de una blanquecina espalda —que no era la suya, que no le
pertenecía, pero que junto a su piel cubierta de algunas rebeldes pecas
hacían de un poema cualquiera, un cantar que se colaba en una
antología—.
Danzaba desnuda sin conocer los miedos que deambulaban fuera del jardín de su alma y cerraba sus ojos con las promesas hechas flores en plena primavera. Y cuando el atardecer llegaba, los versos brotaban de entre sus pestañas como libélulas enamoradas del viento. Haciendo del paisaje uno digno de un suspiro proveniente de su curiosa boca.
Danzaba desnuda sin conocer los miedos que deambulaban fuera del jardín de su alma y cerraba sus ojos con las promesas hechas flores en plena primavera. Y cuando el atardecer llegaba, los versos brotaban de entre sus pestañas como libélulas enamoradas del viento. Haciendo del paisaje uno digno de un suspiro proveniente de su curiosa boca.
Reía, cantaba y volvía a danzar.
El cielo atestiguaba el paraíso hecho mujer.
Y entonces, una voz que corría aventurera con la brisa de la tarde, le susurró a una sombra apoyada en el marco de su ventana un par de preguntas que sabía que cambiarían el curso de las estaciones; la primavera sería eterna.
«¿De qué color quieres el cielo?» Ella te lo pintará con la suavidad de sus labios. «¿De qué forma quieres las flores?» Ella las moldeará con la placidez de las yemas de sus dedos. «¿Cómo quieres que sea la vida?» Ella la coloreará a palabras cubiertas de las más maravillosas flores, pero no dudes ni por un solo segundo de que también pintará aquellos lugares que desconoces de ti mismo y usará, sin miedo a dejar su huella, las acuarelas que viven dentro de las pupilas de sus verdosos ojos
El cielo atestiguaba el paraíso hecho mujer.
Y entonces, una voz que corría aventurera con la brisa de la tarde, le susurró a una sombra apoyada en el marco de su ventana un par de preguntas que sabía que cambiarían el curso de las estaciones; la primavera sería eterna.
«¿De qué color quieres el cielo?» Ella te lo pintará con la suavidad de sus labios. «¿De qué forma quieres las flores?» Ella las moldeará con la placidez de las yemas de sus dedos. «¿Cómo quieres que sea la vida?» Ella la coloreará a palabras cubiertas de las más maravillosas flores, pero no dudes ni por un solo segundo de que también pintará aquellos lugares que desconoces de ti mismo y usará, sin miedo a dejar su huella, las acuarelas que viven dentro de las pupilas de sus verdosos ojos
No hay comentarios:
Publicar un comentario