Podría decirte que tu mano calza
perfectamente con la mía.
Podría decirte también que
escapo del sufrimiento a pasos agigantados.
Corro como una maratonista,
pero a veces no tengo la velocidad suficiente.
Caigo como una gacela inocente
y tu mano me sujeta como nunca
pensé que lo haría.
Qué sorpresa -me dije-
¿Acaso estoy en un sueño del
cual no era consciente?
Sabes lo difícil que es escapar
de las inseguridades.
Yo misma las padezco día a día.
Me persiguen como la sombra
a un árbol de manzanas.
Y como buena mujer, me mantengo quieta.
Quieta porque pueden ser arrasadoras.
Quieta porque duele menos.
No quiero que me dejes -susurré-
Has de este pesar algo maravilloso
como tomar mi mano y asegurarme
un mundo donde no existe una grieta dolorosa.
Sé que entre manos pueden ayudarse
confío en esos dedos de pianista
que no saben tocar una melodía
pero cantas en mi corazón
como jilguero durante la mañana.
Aleteas como colibrí deseoso de su néctar.
Aleja estas sombras malditas.
Conviérteme en una maratonista,
corredora experta de ir a tus brazos.
Has de ese árbol un paisaje de vida.
Un paisaje de libertad.
Toma mis manos y déjalas fluir por tu piel.
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