miércoles, 30 de mayo de 2018

Interpretaciones de una lluvia de invierno en donde no estás tú.

Hubo un tiempo en que interpretaba
a la lluvia como una señal divina.
Sentía cada gota sobre la ventana
como un susurro que llevaba tu nombre 
y cuando el cielo se iluminaba 
con ese relámpago ensordecedor
eran tus dedos que se habían 
reencontrado con mi ser. 

Pero después dejé de interpretar la lluvia
como algo que eras tú.
Comencé a verla como a mi misma deslizándome 
entre ventanas rotas, abiertas o cerradas.
Cada gota era un te quiero perdido
y el trueno, un susurro agónico 
que escondía más de una memoria. 

Yo no sé por qué la electricidad de la noche
me llama y mucho menos por qué me convierto en lluvia
en tormentas de invierno que arropan 
hasta la más calurosa de las personas.
Pero hoy soy esa lluvia que tú una vez fuiste.
Un rastro efímero.
Un cielo cubierto de tu ser. 

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