La miseria se adueña de mi y ya no sé dónde estoy. De repente la cama me envuelve, todo es negro y la superficie no es solamente un colchón. Caigo por dentro sin deseos de flotar y el abismo me espera de brazos abiertos.
Caigo como quien tira una moneda y la mala suerte gana. Hoy ni nunca fui cara, soy seca. Soy esa maldición que cae sobre tu rostro y te empapa con algo que soy y seré siempre.
Tengo las lágrimas en mis esquinas y sueños rotos en mis laterales. Sigo cayendo esperanzada de que aquello que no puedo dejar ir caiga conmigo, pero me enreda en una sábana y me mantiene apretada como el tallo a su hoja.
Qué locura que exista tal cosa como la gravedad y ahora mismo esté rebotando contra el suelo. El aire no me contuvo ni me abrazó. El viento no fue una caricia y todo se volvió gris.
No es blanco ni negro. Es gris. Gris como aquello que me libera y me condena. Es la paz y la miseria. Es una sonrisa y una lágrima cayendo por mi mejilla. Es recuerdo y desazón. Es ésto y lo otro. Es un abismo y su fin.
martes, 11 de diciembre de 2018
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