Amanecemos abrazados.
Entrelazados.
Tu dedo y el mío.
El mundo somos nosotros.
Y no hay caricia que no repartiré.
Y la vida se me va.
Pero no importa.
Tu nombre está escrito en mi boca
y se extiende por todo mi cuerpo.
¡Qué bella tu cursiva!
Amarte como sinónimo de temblor.
Yo los conozco.
Tu también.
No hay leyes naturales
ante semejante fenómeno.
No cuando la fuerza
es una fiera.
Y mi corazón es un músculo
incontrolable,
salvaje,
rojo.
Te escribo.
Te escribo por horas.
Te amo por vidas.
Te susurro.
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