jueves, 10 de octubre de 2019

Hoy, mañana y siempre.

Tomábamos prestadas palabras de amor
como si no tuviésemos suficientes
entre nuestros labios.
Yo era aquella que
señalaba frases en un libro
para recitártelas suavemente.

Huíamos con nuestros dedos entrelazados,
creyendo que éramos invencibles,
que no existía tal cosa como caer al abismo
ni mucho menos rompernos la una a la otra.

Cuando las noches eran lluviosas,
hablábamos del amor
como quien habla de filosofía.
Te creía dulce como la lluvia
y te deslizabas en mi comisura
como gota en un ventanal.

Y entonces amanecía
en mi ventana,
tanto como en la tuya.
Uníamos universos
con un mismo horizonte.
Y yo te decía en un murmullo
como una promesa cantada
al viento;
«Te amo hoy, mañana
y siempre».


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