jueves, 3 de octubre de 2019

Te extraño y no sé que hacer para traerte de vuelta.

Te extraño.

Te extraño y no sé qué hacer para traerte de vuelta cuando estás a tan solo unos kilómetros de distancia de mi soledad. La distancia nunca fue impedimento para sentir tu susurro en mi mejilla ni tampoco para sentir la caricia de tu corazón rozando el mío. Y te quiero de vuelta. Tengo que traerte de vuelta.

Te extraño.

Te extraño de tal manera que las cosas que están alrededor de mi cuerpo parecen conocer tu nombre a la perfección y lo gritan vigorosamente haciéndome sentir pequeña. Soy tan pequeña, mi amor. Me encuentro parada en el centro de un universo que está hecho a tu medida. Un universo que tiene más que la forma de tu cuerpo, sino que tiene el encanto de los atardeceres en tu comisura. Y me encanta cuando sonreís porque parece que el abismo se encuentra allí mismo. Y no tengo miedo de caer, aunque debo reconocer que en un primer momento sí lo tuve. ¿Acaso quién no siente temor a lo que conoce y a la vez le falta conocer? Sin embargo, me lancé a ojos cerrados sin siquiera pensarlo una vez más y estabas ahí. Estabas exactamente ahí. Me recogiste con tus brazos, me abrazaste con ternura y me hiciste sentir parte de aquello que te hace ser quien sos.

Te extraño y no sé que hacer traerte de vuelta.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

El abismo

Asumí el riesgo de rozar  mis piernas con las tuyas,  de hacer de mis versos  el suspiro de tu inconsciente  bajo las sábanas.  Bajé mi mira...