en épocas donde el cerezo no tiene lugar.
Redescubrí tu sonrojo
entre palabras con sabor a caramelo.
Y las flores rosáceas me dijeron que estabas ahí.
Vestías la silueta de una flor diferente
en una ciudad que carece de belleza.
Qué bella que sos cuando reís.
Y entonces pasó el atardecer para susurrarme
que los brillos del sol te hicieron florecer.
Toda esa purpurina que tienen tus mejillas
no eran más que tus pétalos en pleno crecimiento.
Y estás cubierta de flores de nuevo.
Y sin tan solo me dejaras cuidarte.
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