lunes, 13 de enero de 2020

El campeonato de mi vida.

Todavía me despierto con tu nombre entre mis labios y tu rostro entre mis pestañas como si pudiera encontrarte con el primer suspiro del día. Extraño tus palabras como quien extraña el aroma a verano en días grises e intento hacer de mis pensamientos un diente león que luego será soplado para no regresar a su lugar, pero pelear contra tu figura hecha oleaje inalcanzable no suena como una pelea en donde salga vencedora.

La única vez que gané fue cuando me dijiste que me amabas y llevé una corona hecha de tus flores sobre mi cabeza como si hubiese ganado el campeonato de mi vida.

Y lo hice.

Y acá estoy.

Sigo escribiéndote como la primera vez.

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