viernes, 9 de octubre de 2020

Un veintitrés de marzo.

Espero que no te importe que te haya llamado a las tres de la mañana aún sabiendo que ese ya no es tu número de teléfono. Espero que no te importe que te piense en estos momentos en donde la soledad es mi compañía y te imagino entre los muebles de casa; bailando, riendo, pintando, llorando, cantando y haciendo del arte algo milagroso. Estás bailando con tu sonrisa hecha purpurina y dejas el destello en el suelo como un camino a la salvación.

He enloquecido. Lo sé. Tu risa quedó en las esquinas de las habitaciones y el olor de tu perfume entre las sábanas. No conozco la realidad desde que te despediste aquella tarde de invierno y me atrevo a decir que vivo en un espacio que no tiene límites a la hora de dar rienda suelta a la imaginación.

Te pienso.
Te vivo.
Y hoy más que nunca sé que te llevo conmigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El abismo

Asumí el riesgo de rozar  mis piernas con las tuyas,  de hacer de mis versos  el suspiro de tu inconsciente  bajo las sábanas.  Bajé mi mira...