lunes, 5 de abril de 2021

Revelación

Se me ruborizaron los ojos
como la llamarada de una vela
que no le teme al viento
y no se consumió del miedo,
pero ardió al saber
que la piel no resiste a los abismos que rodean el pecho.

Respiré sabiendo que
no era invencible ni mucho menos invisible.
Quién diría que la llama una vez prendida
no sería consumida,
sino que flamearía
creyéndose el erizo
de una corazonada que no le pertenece.

Tengo las manos calientes
como el abrazo que te di
en mi imaginación
entre conversaciones inexistentes
y que dictan de futuros inciertos,
de palabras aclamadas por tus labios de rubíes.

Me atrevería a decir que le soy fiel
a tus ocurrencias
aún cuando te conozco tanto
y a la vez tan poco.
Qué desesperación no encontrar la dirección
de un camino que dice mi nombre,
pero que tiene el rastro difuso.
Soy incapaz siquiera de leer coordenadas,
los latidos
y un compás que tiene dos sílabas.

Corazonadas de madrugada,
dime qué hace una chica como yo
que tiene solo palabras
cuando es la vela latente
de un corazón que duerme temprano
y sueña entre escenarios que luego no conoce,
la dueña de lo desconocido,
de lo que libera y hace de la vida
un pasar digno de la simple poesía.

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